MISHA
Ella se siente una señorita. Le gusta que le den besos por encima de la mano cuando la saludan, pero patea la pelota de puntazo y hace gol. Su cabello es lacio, y eso que no se lo ha planchado; 'eso es para maricas', suele decir. Maldita mujer - hombre, tu rudeza me hace temblar, tu delicadeza me enternece. Recuerdo el día que te presentaste ante mí: 'Buenas tardes, ingeniero, soy la contadora que no cuenta sus uñas, no; ni cuentos baratos llenos de fantasía, no; yo soy la contadora de su triste realidad, el nuevo parásito que se encargará de desentrañarle todo, todito. No se me ponga nervioso, soy directa, muy directa, y bisexual, además. ¿Ya vio ese rico culito de esa chica de vestido rojo? Delicioso, ¿no?'. Quedé perplejo, asustado, tal vez; ¡vaya hombre! Pensé. '¿Puede ayudarme con la silla, ingeniero? ¡Sea caballero! Que seré como soy pero sigo siendo mujer.' ¡Vaya mujer - hombre! Pensé. Háblame de ti, me ordenó, quiero saberlo todo: si eres mañoso, gile...