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UN MAL POEMA

Para ti ahora soy tu 'casi poeta', pues hay ratos que ni mi nombre recuerdas, dime, gata, si a fin de cuentas me dejarás morder el pezón de tu teta. Cojudeces me dejas pensando, un mal cuarteto vengo escribiendo, ni las medidas del verso estoy viendo porque la señorita solo me anda excitando. Tengamos sexo me has dicho, en plena conversación de negocios, así no podemos ser socios, no señor, ¡Dónde se ha visto! Soy un mañoso, y tú muy miau, tus novios te hacen guau, y, ¿sabes? Me pongo celoso. ¿Cómo terminar este mal cuarteto? ¿Cómo saber si esto te ha gustado? De hecho alguna risa te ha ocasionado, que ha acortado nuestra distancia al menos un metro. Terminemos con un verso casi romántico, de los que no te gustan y a mí sí, uno que pronto me deje verte a los ojos y tú a mí, rozar tu piel con mis dedos como el fósforo, convertirme en piromántico. Creo ya haberte encendido la chispa pero te aguantas, me dices 'm...

EL DIARIO DE UN PATINADOR: Día V.

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Amigo diario, hola, mucho gusto, hace tiempo que no escribía sobre ti. Tengo algo que contarte: me saqué la mierda. Te voy a contar cómo pasó todo. 'Era una noche cálida del mes de febrero, el viento golpeaba mi rostro con delicadeza y me recordaba la libertad que siento al estar sobre mis patines. Todo era hermoso hasta que llegué al metro de la UNI, pues yo iba a toda velocidad, parecía el corre - caminos, la gente al verme se decía, ¡miren, es un avión, no, es un pájaro, no, es superman! Bueno, la cosa es que la calle estaba libre para yo seguir corriendo, pero en un lapso pequeño de tiempo, uno de los carros que estaba estacionado, se interpuso en mi camino, e intenté frenar de inmediato, pero como para frenar necesito mucha distancia previa, no pude hacer otra cosa más que tirarme al suelo para no chocarme contra el carro, y al momento en que iba a caer, se dobló mi tobillo, caí sobre mi tobillo, y me dolió a mares. De inmediato nada más me paré y corrí hacia la vereda pa...

HISTORIA DE UN AMOR

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La primera vez que yo la vi, ella estaba en su casa con su hermano y su hermana, me pareció una chica muy linda y con la mirada extrañada. Su voz era de niña, su piel era morena, y lo primero que pensé después de verla de reojo para que no se percatara su hermano, fue eso, su piel morena, y recordé que hace poco no más me estaba aprendiendo un poema de Mariano Melgar, Morena mía. Lo recité de memoria ese entonces, mirándola sin que se diera cuenta, y olvidando cada palabra que me decía su hermano, e ignorando cada suceso a mi alrededor, solo la veía a ella sentada sobre el sofá, con las piernas sobre el sofá, con el celular en la mano, y una que otra sonrisa de rato en rato. Obviamente solo pensé que era la casualidad, casualidades de la vida, no podía ser que yo haya planeado aprenderme ese poema solo por ella, pero cuando la vi, decidí aprenderlo por completo. Por cierto, fue el primer poema que le recité a medias, pues las cosas que hacía por ese entonces no me daba mucho tiemp...