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MIRADAS

La cosa es simple. Todo esto es porque te miro.  Todo esto es porque me dejas mirarte.  Puedo mirarme a través de tus ojos, y en ese reflejo busco mis ojos para poder verte aún más allá. El reflejo de tu reflejo en tus pupilas. Pareces lejana, pero te tengo tan cerca, mirándome. ¿Qué ves cuando me miras? Me gusta cuando conversamos en silencio, cuando detenemos el mundo a nuestro al rededor y somos solo tú y yo, uno frente al otro; y nos comunicamos en ese idioma que tú y yo hemos inventado en nuestro mundo: el idioma de las miradas. ¿Qué ves en mis ojos? No puedo ocultarte nada. De pronto encuentro la forma de decirte lo que estoy sintiendo. De pronto tú me entiendes todo. De pronto empiezo a tomar conciencia de las cosas que pasan. Soy consiente de mi respiración, del latir de mi corazón, de la sangre que fluye por mis venas, del crujido de mis intestinos, del sonido como bisagra de mis articulaciones. Soy consiente del tiempo, del viento en mi rostro, de los sueños...

CINCO SENTIDOS

Recuerdo que lo conocimos una mañana de verano del mes de febrero, estábamos en una entrevista de trabajo, y nos presentamos, me tendió su mano y sentí un ligero aprieto firme, de hombre. Desde donde podía, sosteniendo un lapicero, lo observaba a él, distraído, riéndose sin saber de qué, y comentando de vez en cuando. Ella me encargaba la tarea de tomar apuntes que se decían en la reunión, de coger la botella de agua y llevarlo hasta su boca, de arreglarle el cabello que se le caía por la cara, a veces para limpiarle alguna molestia en el ojo, también para taparle la boca cuando bostezara, y un sin número de tareas que una mano puede hacer. En efecto, soy una mano y aunque estoy dividida en dos, izquierda y derecha, mi conciencia sigue siendo una. En fin, volviendo a él, razón por la cual empecé estas líneas, continúo. Al finalizar la reunión él se acercó a preguntar sobre lo que se dijo, parecía estar más perdido que pájaro en el desierto. Después de una pausada conversación, porque ...

EL DIARIO DE UN PATINADOR: Día VII.

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Los 26 se febrero son como todos los 26 de cada mes, pero no tan especial como los 26 de un mes en particular, agosto. Hoy es 27, sí, pero ayer no te pude conversar, amigo diario, estuve patinando y llegué cansado y rengo a mi casa. ¡Te cuento! Ya volví a ponerme los patines. Aún me duele el tobillo, por cierto, pero me pongo 4 medias, una tobillera y una faja que hace bastante presión en mi pie, y no me hace doler tanto. En fin, lo bueno de todo es que ya salí de mi claustro, ese horrible lugar, aquel escondrijo putrefacto en el que me encierro en mi mente. Odio estar encerrado. Patinar me libera completamente, me mantiene activo, estoy fijándome en las pistas, sobrepasando los obstáculos, recuperando el equilibrio en cuanto tropiece con algo, empujándome mucho más rápido, o yendo más lento; deteniéndome cuando sea necesario, dejando pasar carros, o sobre pasándolos; pidiendo con señas, por favor, déjenme pasar, y agradeciendo el buen gesto, o mostrándoles el dedo medio por ser uno...