CINCO SENTIDOS
Recuerdo que lo conocimos una mañana de verano del mes de febrero, estábamos en una entrevista de trabajo, y nos presentamos, me tendió su mano y sentí un ligero aprieto firme, de hombre. Desde donde podía, sosteniendo un lapicero, lo observaba a él, distraído, riéndose sin saber de qué, y comentando de vez en cuando. Ella me encargaba la tarea de tomar apuntes que se decían en la reunión, de coger la botella de agua y llevarlo hasta su boca, de arreglarle el cabello que se le caía por la cara, a veces para limpiarle alguna molestia en el ojo, también para taparle la boca cuando bostezara, y un sin número de tareas que una mano puede hacer. En efecto, soy una mano y aunque estoy dividida en dos, izquierda y derecha, mi conciencia sigue siendo una. En fin, volviendo a él, razón por la cual empecé estas líneas, continúo. Al finalizar la reunión él se acercó a preguntar sobre lo que se dijo, parecía estar más perdido que pájaro en el desierto. Después de una pausada conversación, porque ...