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JUNTOS EN UNA MISMA LUZ

Sé, señorita, que usted suele mezclar sus mejores pensamientos con el pesimismo. Ese sentimiento de no sentirse capaz de algo puede hacerle retroceder en muchas de sus más intensas pasiones. Señorita, sepa usted que la he leído uno a uno de sus mejores líneas, me he perdido en su forma de pensar, su filosofía del amor y de la vida, y una vez comprendida la información, adopté hasta su manera de escribir. ¿Acaso no la reconoce? Esta puede ser una más de las pistas que le voy dejando para que se entere de una vez por todas que es usted. Sí, usted. Señorita, yo sé que usted ya sospecha de mis intenciones ya antes expuestas, y de estas nuevas que de pronto aparecieron de la nada, no obstante, le confieso que he ido de rincón en rincón, por días y capítulos, como si fuera un libro, leyendo lo que usted escribe, quise descubrirla y encontrar algún punto débil, como un león acecha a su presa, ¿que si lo encontré? ¡Usted es una mina de puntos débiles! Y por eso mismo la conquistaré de la mejo...

NUESTRA CANCIÓN, LOLITA

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Señorita, buena noche, ¿cómo está? ¿Es de noche por ahí? Espero que cuando lea esto sea de noche. De pronto he pensado en usted, y en una vieja canción que volví a escuchar de casualidad. No pude evitar conectar ese pensamiento con otro del pasado, y ahora mismo digamos que me siento vulnerable. Le quiero contar, señorita, que ya deseo conocerla, que no aguanto ya las ganas de tenerla conmigo, que salgamos a vivir aventuras tan grandes que ni se las imagina, nos sentemos a leer un libro en un parque, que me permita comprarle un globo del color que usted prefiera, y que comamos algodón de azúcar por la calle, tomados de la mano, o quizá como siempre lo soñé, yo con las manos en los bolsillos de mi chaqueta, y tú sujeta a mi brazo, con la frente en alto, orgullosos, únicos, reyes de nuestro reino, esclavos de nuestra felicidad. Señorita, yo la imaginé con el cabello lacio y los ojos negros, muy negros, las manos delgadas pero firmes, con una mirada de esas que se pierden en el vacío, pe...

CUANDO LA VEA POR PRIMERA VEZ

Me gustaría contarle, señorita, que me gusta mucho, de muchas formas, y de todas las formas. Podría llegar a quererla, y a mal quererla, pero tan solo para hacerle saber que hasta queriéndole mal la quiero bien. En secreto a veces la miro, y aunque no sea muy claro para mí debido a esta miopía, me pierdo en el resplandor blanco que hay en sus pupilas. La he visto casi sonriendo, y la he imaginado triste en distintos momentos, pero tan solo para poder consolarla en mis pensamientos. Si supiera, señorita, que desde que la conozco la admiro porque comparte conmigo la fascinación de la escritura, y sé también que por momentos usted me lee, y eso en cierto modo hace que más la quiera. ¿Le gusta lo que escribo, señorita? ¿Le he robado algún pensamiento? Discúlpeme, por favor, soy tan solo un simple hombre que a veces piensa de más, escribe de más, y la anhela de más. Soy un atrevido al referirme a usted al momento de escribir estas líneas, y sé que se sentirá aludida al reconocer mi for...