EL DIARIO DE UN PATINADOR: Día VII.
Los 26 se febrero son como todos los 26 de cada mes, pero no tan especial como los 26 de un mes en particular, agosto. Hoy es 27, sí, pero ayer no te pude conversar, amigo diario, estuve patinando y llegué cansado y rengo a mi casa. ¡Te cuento! Ya volví a ponerme los patines. Aún me duele el tobillo, por cierto, pero me pongo 4 medias, una tobillera y una faja que hace bastante presión en mi pie, y no me hace doler tanto. En fin, lo bueno de todo es que ya salí de mi claustro, ese horrible lugar, aquel escondrijo putrefacto en el que me encierro en mi mente. Odio estar encerrado. Patinar me libera completamente, me mantiene activo, estoy fijándome en las pistas, sobrepasando los obstáculos, recuperando el equilibrio en cuanto tropiece con algo, empujándome mucho más rápido, o yendo más lento; deteniéndome cuando sea necesario, dejando pasar carros, o sobre pasándolos; pidiendo con señas, por favor, déjenme pasar, y agradeciendo el buen gesto, o mostrándoles el dedo medio por ser uno...