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MIRADAS

La cosa es simple. Todo esto es porque te miro.  Todo esto es porque me dejas mirarte.  Puedo mirarme a través de tus ojos, y en ese reflejo busco mis ojos para poder verte aún más allá. El reflejo de tu reflejo en tus pupilas. Pareces lejana, pero te tengo tan cerca, mirándome. ¿Qué ves cuando me miras? Me gusta cuando conversamos en silencio, cuando detenemos el mundo a nuestro al rededor y somos solo tú y yo, uno frente al otro; y nos comunicamos en ese idioma que tú y yo hemos inventado en nuestro mundo: el idioma de las miradas. ¿Qué ves en mis ojos? No puedo ocultarte nada. De pronto encuentro la forma de decirte lo que estoy sintiendo. De pronto tú me entiendes todo. De pronto empiezo a tomar conciencia de las cosas que pasan. Soy consiente de mi respiración, del latir de mi corazón, de la sangre que fluye por mis venas, del crujido de mis intestinos, del sonido como bisagra de mis articulaciones. Soy consiente del tiempo, del viento en mi rostro, de los sueños...

ME GUSTAS

Me gustas  por tus ojos en la noche,  son pequeños, casi imperceptibles,  apenas se notan tus pupilas, y puedo ver en ellos algunos sueños, tu razón de ser,  y no importa cuándo ni a qué hora, sigo viéndome a través de ellos. Me gustas por tu voz en medio del ruido,  puedo ver cómo tus labios se mueven mientras me hablas,  el débil sonido de una risa juguetona, cuando pronuncias mi nombre,  y cuando piensas en voz alta que de alguna forma me quieres. Me gustas  por tus oídos bajo tu cabello,  tus pequeños aretes pegados a la oreja,  la atención que me prestas cuando te hablo,  cuando te crispas la piel mientras te beso por debajo,  cuando entre risas te das cuenta que mi lengua toca tu oído.  Me gustas por tu cabello enrulado, cuando se desordena después de estar conmigo, mientras te lo arreglas y al mismo tiempo me dices: 'Siempre pasa esto contigo'. Me gustas por tu risa infantil, esas risa...

HOLA, 2017

Me había olvidado de ciertas cosas. De cubrirme los ojos cada vez que miraba al sol, de acomodarme el cabello después de un viento fuerte, de cambiarme de ropa húmeda por otra seca y limpia, de buscar una sombra para no quemarme más la piel; porque ya no hacía tanta falta que digamos, ahora solo la veía a ella sonreír, hacer alguna que otra mueca, escuchándola decir que también está viendo que yo la veo, que tiene 'vista panorámica'; el viento dejó de preocuparme, pues creo que hasta le gusta que ande despeinado, juega con mi cabello y me dice frentón, frentón, qué frentón eres, chino; y la ropa húmeda se secaba con el sol encima nuestro, y la sombra solo cuando estuviéramos en el carro y de regreso a casa. Cuando estaba lejos de ella, en aquel viaje, me pasaba las tardes mirando las puestas de sol, pensando que ella hacía falta acá, que los atardeceres no son lo mismo sin ella. A veces llovía, pero inmediatamente salía a ver el cielo después de la lluvia y recordaba su so...